Porque fueron somos y porque somos serán

Conocernos a nosotros mismos es más que conocer nuestra propia individualidad: supone reconocer que somos fragmentos de nuestros padres, de nuestros anteriores. Saber de dónde venimos nos puede ser útil para saber dónde estamos y hacia dónde vamos.

Aceptar que tanto nuestra madre como nuestro padre son nuestros referentes naturales y esenciales (como hombre y mujer, como padres o como pareja) nos va a permitir ampliar la consciencia sobre cómo articulamos algunas de las relaciones que, a nivel afectivo, son más significativas para nosotros: con nuestra pareja, con nuestros hijos, etc. Desde esta mayor consciencia estamos en mejores condiciones de manejar las posibles repeticiones o proyecciones que estemos expresando en dichas relaciones.

Así pues, alcanzar un nivel de diferenciación adecuado respecto a nuestros padres, puede llegar a ser determinante a la hora de lograr tener una relación de pareja trascendente o de establecer vínculos seguros con nuestros hijos. Una magnífica manera de alcanzar esta diferenciación es resolviendo aquellos asuntos que fueron quedando pendientes, reparando el dolor. Lograr esto implica un proceso de elaboración y aceptación que a menudo no resulta sencillo: cuando hemos articulado nuestra vida desde el dolor emocional, el enfado o incluso desde la culpa por aquello que nos ocurrió con nuestros padres, es comprensiblemente difícil aceptarlos y mirarlos de una manera amable y respetuosa.

Dentro del contexto terapéutico, se utilizan diferentes técnicas que pueden ayudarnos a hacer un cambio de mirada sobre nuestros padres: el genograma o las esculturas familiares son un ejemplo. A través de estas técnicas podemos tomar distancia de nosotros mismos y reconocer a nuestros padres como hijos que fueron; hijos que, como nosotros, también vivieron situaciones de sufrimiento pero que quizás no pudieron o supieron resolver. Este cambio de mirada nos va a ayudar a conectar con su dolor y con la carencia y el vacío que les supuso.

¿Qué mejor manera de ponernos en sintonía con nuestros anteriores que no repitiendo estos patrones disfuncionales?

Aceptar que los errores que nuestros padres cometieron con nosotros son consecuencia de sus experiencias vitales y que, en muchos casos, están estrechamente ligados a los que sus padres cometieron con ellos (y así sucesivamente), nos va a permitir mirarles desde un lugar menos crítico y más respetuoso. La aceptación y el respeto serán indispensables para no proyectar este asunto pendiente y el dolor resultante, sobre nuestros hijos, deteniendo así la pauta transaccional disfuncional.

Puesto que porque fueron somos, en todas sus dimensiones, también es importante que veamos y reconozcamos aquellas cosas positivas que nuestros padres si pudieron ofrecernos, la luz que había entre las sombras.

¿Qué mejor manera de honrar a nuestros anteriores que ofreciendo a nuestros hijos lo positivo, lo valioso, que nosotros recibimos?

Alcanzar esta sintonía trigeneracional entre nuestros padres, nosotros y nuestros hijos, es uno de los objetivos fundamentales que podemos obtener en un proceso terapéutico.

 

Higinio Trujillo

Terapeuta familiar de la Plataforma Cruïlla · EDUVIC.

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