La función del síntoma

El síntoma comunica, es una forma de comportarse en el sistema, es un fragmento de la conducta que ejerce efectos profundos sobre todos los que rodean a la persona identificada como problema. La persona que expresa el síntoma se comunica mediante éste, de manera que todos los demás miembros de ese sistema son influidos por esa conducta.

El modelo sistémico emplea la Causalidad Circular, en la que se tiene en cuenta cómo influyen las consecuencias en las causas. En el contexto individual, la intervención irá dirigida, por ejemplo, a la modificación de conductas de la persona identificada como problema, mientras que en la sistémica, estas conductas se podrían entender como un componente más de una mala relación familiar. El síntoma no se entiende como algo negativo, si no todo lo contrario, su función es homeostática en el sistema familiar, equilibra y otorga supervivencia al sistema. El síntoma cumple la función de mantener en equilibrio el sistema. Y la terapia va dirigida a intervenir activamente en el sistema para modificar las secuencias comunicativas defectuosas. Esa conducta perturbadora expresada a través del síntoma se da en la interacción, en relación con alguien y que al parecer dicha interacción tiende a mantenerla y perpetuarla. Y mientras subsista la necesidad familiar que le dio origen el síntoma se mantendrá.

El síntoma resulta útil puesto que es fundamental para entender que está sucediendo en el sistema. Entendiendo a la familia como un sistema en constante interacción de sus miembros, cada una de las reacciones de éstos influyen en el resto. El principio de circularidad es evidente, todos influyen en todos, y por tanto la relevancia del síntoma nos aporta información respecto al funcionamiento del sistema. Si aparece un síntoma en un miembro del sistema, tendríamos (de acuerdo con el paradigma sistémico) que comprenderlo dentro del sistema donde apareció y en sus interacciones.

El síntoma es útil puesto que define la situación familiar, nos aporta información respecto a la familia y se integra dentro de las reglas del propio sistema. En ocasiones protege y encubre, y a la vez libera de responsabilidad a quien lo porta. Y algunos casos también distrae la atención de problemas mayores en la familia que de afrontarlos directamente supondrían un peligro para el sistema.

Por otra parte el síntoma también puede otorgar durante su permanencia otro status a la persona que lo expresa, y sobretodo el síntoma da entender que la situación familiar es insostenible y que requiere de una transformación, de cambios cualitativos de segundo orden.

Pero cómo intervenir? Cómo abordar el síntoma? Es bien sabido que lo fácil es pedir que las cosas cambien, no cambiarlas. La primera demanda suele ser hacer desaparecer aquello que se considera el problema, el síntoma. Pero realmente éste sólo esconde una problemática seguramente mayor. Por tanto, el objetivo de la terapia no priorizará la eliminación del síntoma.

Para entender el desencadenante del síntoma hay que tener en cuenta a la familia como un sistema entre varios que configuran la interacción de la persona con su medio. La persona forma parte del sistema familiar pero también éste está influido por sistemas externos en interacción, como la escuela y el trabajo, que pueden llevar a la construcción de síntomas. Es importante no caer en la idea preconcebida de que el síntoma es el resultado de la disfuncionalidad, el sistema no es causa ni el síntoma efecto, o viceversa sino que el sistema y el síntoma están en constante interacción.

También no hay que restarle importancia a la persona en el enfoque sistémico. Así como sus efectos biológicos. De esta manera el propio enfoque sistémico debe ser flexible en este punto según la situación en la que nos encontremos. Cuando se recibe al demandante (persona, pareja, familia, grupo), es importante iniciar nuestro trabajo definiendo desde qué alternativa de actuación, se puede ayudar a esta persona y su sistema, incluso tenemos que dirimir si se trata de una situación sin solución. En este punto es importante la distinción que hace Watzlawick entre problema y dificultad. En el primer caso podemos promover alguna acción para resolverlo, en el segundo caso no, así podremos valorar si es pertinente la acción del profesional terapéutico. También debemos valorar si es necesaria una derivación para poder dar opción a otro profesional que tenga competencias en la dificultad que plantea la familia

A continuación os facilitamos los enlaces a las referencias bibliográficas y sus autores para la realización del artículo:

Título: Introducción a la sistémica y terapia familiar
Autor: Luís Cibanal Juan
Editorial: Club Universitario

Título: Técnicas de Terapia familiar
Autor: S. Minuchin
Editorial: Paidós

EVA HIJALBA
Psicóloga
Master Terapia Familiar Socioeducativa
EDUVIC·Escola Itinere

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