El diagnóstico sistémico de la familia

¿Cómo definirías el etiquetaje diagnóstico y cómo podemos evitarlo?



Como dice Minuchin, la Terapia Familiar está centrada en la interacción de unas personas con otras, y no tanto en el individuao que presenta una patología (Terapia individual). Aun así, en el texto, nos hace referencia a la importancia dels diagnóstico inicial del Paciente Identificado (PI) basado en el síntoma que presenta, ya que PI está estrechamente relacionado con el sistema y, por lo tanto, el análisi de dicho síntoma y PI nos dará pistas relacionales de los miembros para poder entender el funcionamiento de todo el sistema.

Tratar al PI como portador de uno/os sintomas, sin hacer referencia a su entorno, su contexto, en el que no incluye el sistema ni su funcionamiento, es cuando se pueden construir las etiquetas diagnósticas. Desde mi punto de vista, las Terapias Indivduales pueden ser un contexto terapéutico donde se encuentran más etiquetas diagnósticas.

Aún así, y como podemos ver en el texto de Ana, en contextos de Terapia Familiar donde se concede a todo el sistema englobal (teniendo en cuenta las relaciones, comunicaciones, estructura y organización del sistema, donde se analiza el juego familiar, donde cada miembro tiene un papel en la aparición del síntoma), tamién encontramos etiquetas diagnósticas.


En el pasado texto de “Hipótesis sistémicas”, se cencebe a éstas como pautas para iniciar una linea de actuación. Las Hipótesis, al igual que los Diagnósticos, serán verificadas o refuchadas según vamos avanzando en la terapia. Esto significa que el etiquetaje diagnóstico no implica la verdad absoluta de la situación, sinó el inicio para empezar a buscar alternativas de solución.

Me gustaría hacer referencia al último parrafo de la introducción del texto de Ana: “los diagnósticos resultan operativamente válidos en términos terapéuticos y suelen ser el resultado de un ajuste funcional entre terapeuta y paciente-familia.” Para el profesional de terapias familiares (incluso en otros contextos), es útil la elaboración de diagnósticos aunque sean concebidos como etiquetas. Terapeuta y famiia, necesita poner nombre al síntoma, al motivo de la aparición de éste, a su fnción y, como consecuencia, cual será la actuación y eñ camino a poder seguir para encontrar la solución. Por tanto, desde mi pnto de vista si entendemos los diagnósticos como NO únicos, evitaremos caer en el etiquetaje inequívoco.

Por ejemplo, en la vida cotidiana, ponemos etiquetas a cajas donde guardamos cosas personales para recordar que es lo que podemos encontrar dentro. En muchas ocasiones estas etiquetas son subjetivas, es decir, es fruto de las emociones que en ese momento hemos tenido al recordar lo que significa para nosotros lo que vamos a guardar dentro. Pero al cabo del tiempo, cuando quieres encontrar alguna cosa que no tiene nada que ver con esa emoción inicial, puede que no la busques en la caja con etiqueta en que en su momento lo guardaste. Con eso me refiero que las etiquetas que ponemos no son únicas en el tiempo, pueden variar .

Y lo bueno es poder tener la capacidad de entender que el etiquetaje diagnóstico no significa la única visión, el único análisis para la posterior intervención. Una mirada abierta, flexibilidad y adaptación en la terapia, nos puede ayudar a evitarlo. Como dice Marta Montoya en el texto de Terapia Breve Estratégica, “no existe una realidad verdadera en si misma, sino tantas realidades como diversas interacciones hay entre sujeto y realidad.”
¿Cómo entiende J.L.Linares el diagnóstico sistémico y que claves porpone observar de la realidad familiar para elaborarlo?

Cómo y por qué ocurre lo que ocurre en los sistemas. Ésta es la premisa clave para la intervención con famílias de Linares.

J.L.Linares entiende que el diagnóstico sistémico no es otra cosa que el proceso que permite relacionar singularidad y redundancia en el campo del sufrimiento pasíquico y la interacción disfuncional.

La Salut Mental de los miembros de una familia está relacionada con las circunstancias que tiene y padece la familia, puesto que la familia es el contexto relacional más significativo para sus miembros, aunque su funcionamiento, organización y juego sea disfuncional. Por lo tanto, la interacción disfuncional puede ayudar a entender el sufrimiento de los miembros. El diafnóstico sistémico para él  es la herramienta de punto de partida y de acompañamiento en la su intervención terapéutica.

J.L.Linares propone ciertas claves para poder elaborar el diagnóstico. Se centra en las corderadas del Funcionamiento Parental (parentalidad) y la Armonía (en referencia a la conyugalidad) puetso que considera como circunstancias claves y generadoras de recursos para poder encarar las diferentes etapas del ciclo vital de una familia. El subsistema conyugal y el subsistema parental son los primeros en crearse cuando se forma un sistema familiar. En este sentido Linares nos propone observar las funciones de la parentalidad y de la conyugalidad:
  • la socialización, con sus propias funciones normativas y protectoras
  • la nutrición emocional (el reconosimiento que recibe el hijo, la valoración y el afecto)
Y des de unos términos extremos de parentalidad conservada o deteriorada, y conyugalidad armoniosa o disarmónica. Aún así, cabe resaltar la Flexibilidad como parte imortante de la actitud del terapeuta puesto que asume que esta clasificación puede ser imperfecta. Desde mi punto de vista ninguna intervención, teoría y/o escuela es perfecta.

Des esta clasificación destaca como relevantes para poder hacer un diagnóstico sistémico a las que él llama metáforas-guía: 
  • triangulaciones manipulatorias: una parentalidada conservada que se deteriora por la conyugalidad disarmónica
  • triangulaciones desconfirmadoras: con la existencia de parentalidades incongruentes, en el que cada progenitor desconfirma al otro, por tanto, una conyugalidad disarmónica.
  • triangulaciones imposibles: cuando existe una conyugalidad armónica que produce una parentalidad deteriorada, es decir, las funciones parentales quedan afectadas por la armonía entre la pareja.
  • desierto de amor: funciones parentales deterioadas por una conyugalidad disarmónica.
Qué diferencias hay en las aportaciones hace M. Andolfi y Bergman para la construcción del diagnóstico sistémico?
Los dos teóricos  parten de que el diagnóstico es útil para la terapia familiar. Como dice Linares, son propuestas interesantes, alternativas desde diferentes puntos de vista y que según empleamos una u otra, la intervención terapéutica será enfocada de una determinada manera. Desde mi punto de vista son propuestas diferentes pero no excluyentes y a su vez pueden ser paralelas en la intervención que realicemos, como todas las teorías que hemos estado trabajando a lo largo del curso hasta el momento. Tanto Andolfi como Bergman, hacen propuestas diagnósticas para elaborar hipótesis y diagnóticos que permitiran establecer línias de actuación y que, por lo tanto, a lo largo de ésta se iran verificando o refutando.

Respondiendo a la pregunta que se nos plantea, Andolfi se basa en la premisa del equilibrio dinámico del sistema familiar para elaborar el diagnóstico sistémico. Parte de que el equilibrio familiar está relacionado en que el sistema familiar tenga una diferenciación individual y una cohesión grupal. Para Andolfi, la aparición del síntoma significa que la familia se encuentra en un período de inestabilidad. 

Por ejemplo: Una familia que se encuentra en un sistema en que cada uno de sus miembros tiene su espacio individual y personal, pero que a la vez se sienten integrados y que forman parte de la misma estructura y funcionamiento, la comprenden y la comparten, será una familia funcional y equilibrada. Cuando la familia es demasiado rígida, no hay espacio individual y diferenciado para cada uno de los miembros, no es flexible, ni se adapta a los cambios de ciclo vital, y por consiguiente, la cohesión es tan cerrada que no cabe otra mirada para su evolución sana, nos encontraremos en una família. El diagnóntico que elaboraremos a través de recoger información sobre la utilidad del síntoma y su función, nos servirá para ir verificando la utilidad y practicidad de la intervención.

Bergman, en cambio, se centra en una tipología de síntomas, según los criterios de levedad y gravedad del síntoma. Parte de que la evaluación de una familia con dificultades y resistente al cambio, la podemos hacer analizando el síntoma según su gravedad dentro el sistema. Según sus estudios, cuando más grave es el síntoma más resistente al cambio será la familia. Es por ese motivo que Berbman, propone diferentes supuestos para poder hacer un buen diagnóstico que facilite la intervención terapéutica, supuestos dirigidos al análisis del motivo de la aparición de un síntoma leve o grabe, observando el funcionamiento familiar (síntomas de los hijos, análisis de las terceras generaciones, síntomas encubiertos, influencia de las familias de origen en la dinamica del sistema actual,…)


Mireia Clanchet.
Postgrado ‘Intervención familiar socioeducativa’ 2010-2011. Escola Itinere
Oct 25

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