Conductas de riesgo en la adolescencia: un tratamiento desde la perspectiva narrativa y la construcción de la identidad

Eduvic_itinere-outsiders-adolescentes-delincuentes
El reparto de «The Outsiders» de Francis Ford Coppola (1983)

El proyecto que realicé al finalizar los estudios de Terapia Familiar Socioeducativa nació de la voluntad de incorporar las herramientas que nos proporcionan las diferentes corrientes sistémicas a mi praxis laboral.

A lo largo de mi experiencia profesional he trabajado mayoritariamente con adolescentes en riesgo de exclusión social y he podido ver que hay una fuerte relación entre la marginalidad de este colectivo y la construcción de la identidad en torno a conductas de riesgo. A menudo nos encontramos con adolescentes que se encuentran en un entorno con un alto porcentaje de población en riesgo de exclusión social. El adolescente, en búsqueda de una identidad propia, toma las conductas de riesgo que observa en su entorno como elementos identitarios. El etiquetamiento del joven que adopta estas conductas hace que el joven comience a pensar en sí mismo como un delincuente y organice su comportamiento en consecuencia.

El objetivo de mi proyecto era ver qué estrategias sistémicas puede desarrollar el educador que trabaja con estos jóvenes para que éstos amplíen su autopercepción, se definan en otros términos y puedan abandonar estas conductas delictivas. Además, la intervención del educador debe incluir a las familias pues a menudo éstas tienen narrativas saturadas por el problema que refuerzan la identidad negativa de su hijo a la vez que tienen un funcionamiento relacional que retroalimenta estas conductas.

Para realizar mi proyecto tomé elementos de la terapia narrativa y la terapia estructural para ver cómo podía el educador social que trabaja en instituciones educativas ampliar las miradas de los adolescentes y sus familias hacia ellos mismos y hacerlas más funcionales. El hecho de haber escogido como escuela principal la narrativa se debe al especial énfasis que pone a la cuestión identitaria entendiéndola como un proceso, como un constructo dialéctico fruto de la relación y la negociación y no como un concepto rígido y estático.

Una de las técnicas más interesantes que propone la terapia narrativa para abordar la identificación de la identidad con las conductas de riesgo es la externalización. La externalización permite a la persona distanciarse de sus problemas y entenderlos como un producto de las circunstancias, no como algo intrínseco a su ser. Otro elemento interesante que la terapia narrativa nos propone para trabajar con estas familias es la postura no directiva del profesional. A menudo nos encontramos con familias multiatendidas, “saturadas” de intervenciones y la postura de “guía” del terapeuta puede generar en ellos sensación de control y por tanto rechazan está intervención. Trabajar desde la colaboración permite establecer vías de comunicación y confianza entre el educador y la familia.
Una tercera perspectiva que propone la técnica narrativa es trabajar desde las potencialidades y evitar el vocabulario de déficit y disfunción. Con chicos que presentan conductas de riesgo y que se identifican con el fracaso escolar es importante que seamos capaces de sacar a luz las capacidades y potencialidades, que ellos sean capaces de verlas y valorarlas, es decir, poner el interés en lo que sí funciona. Asimismo, también es importante que compartamos con las familias estas capacidades rescatadas para que refuercen esta nueva narrativa. Este trabajo de colaboración y confianza con las familias que propone la escuela narrativa nos permitirá trabajar la perspectiva estructural. No se trata de que el educador actúe como un experto y marque los aspectos a trabajar: se trata de que la familia exponga sus dificultades y el sistema formado por el educador, los padres y el hijo sea capaz de abordar estas dificultades y se generen cambios que permitan a la familia resituarse y actuar de una forma más funcional.

En el trabajo concluyo que es fundamental que las instituciones educativas sean un elemento integrador y no excluyente pues pueden ayudar al joven a conformar esta identidad delincuencial si son rechazados por el sistema o bien pueden ayudar al joven a generar unas conductas más funcionales. Las experiencias positivas y enriquecedoras ayudarán a ampliar las narrativas alternativas. Por lo tanto, como educadores, debemos ser capaces de generar esas ocasiones.

Finalmente me gustaría compartir unos fragmentos del proyecto en los que expongo unas experiencias propias de trabajo con adolescentes y sus familias y dónde pongo en práctica técnicas narrativas descritas anteriormente.

“J. L. vino a hacer la entrevista con su tía que es quien tiene tutela del chico. A lo largo de la entrevista J. L. estuvo callado y su tía nos contó la lista de “maldades”; no hace nada, siempre se mete en líos, esta todo el día en el parque, le gusta fumar porros, ya no sabemos qué hacer…
Llamaba la atención que ante una descripción de un adolescente altamente disruptivo, nosotros observábamos un chico muy tranquilo y sumiso ante la tía. Él asentía a todo lo que ella decía. Le pregunté a J. L. si estaba de acuerdo con lo que su tía nos había contado y me dijo que sí.
Sorprendida apunté que a mí me parecía un chico muy educado y respetuoso, que aunque no lo conocía esa era la imagen que me daba. Invité a la tía a que me pudiera dar una lista de cosas “buenas”, puesto que la presentación que me había hecho me parecía un poco sesgada. La tía se sorprendió pero acto seguido empezó a decir que era un chico que había sufrido mucho con la muerte de sus padres pero que aun así seguía siendo un buen chico, nunca había faltado el respeto a un adulto, que en casa ayudaba cocinando, que ella consideraba que tenía unos buenos valores…
Le pregunté a J. L. si seguía estando de acuerdo con su tía y también asintió.
Así, acordamos con la familia que nos íbamos a centrar en todas las potencialidades de J. L. puesto que nosotros no lo conocíamos y la imagen que teníamos era positiva, partiríamos de aquí. A los dos les pareció bien (con alguna advertencia de la tía…).“

“La madre de Manuel nos advirtió el primer día que su hijo nos iba a dar muchos dolores de cabeza. Que siempre se portaba muy mal, que no hacía nada y que hacía meses que su hijo ya no iba al cole porque ella estaba harta de dar la cara por él cada vez que lo expulsaban.
Con el tiempo vimos que Manuel era muy movido y presentaba problemas de conducta pero por otro lado era muy buen compañero, muy bueno en las tecnologías y capaz de pedir ayuda cuando estaba nervioso para no explotar, es decir, era capaz de crear alternativas y controlar su rabia, una suerte de externalización. Decidimos con el equipo que por cada llamada negativa a la madre haríamos otra “positiva” el día que las cosas fueran bien. Conseguimos que la comunicación de la familia con el colegio no fuera una línea negativa sino que se estableció una relación de confianza y positivismo donde poco a poco la madre era capaz de cambiar el discurso hacia su hijo y Manuel podría atribuirse conductas más positivas.”

0 responses on "Conductas de riesgo en la adolescencia: un tratamiento desde la perspectiva narrativa y la construcción de la identidad"

Leave a Message

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

X