Crèixer és aprendre a acomiadar-se: la tasca terapèutica per superar el dol

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Crecer es aprender a despedirse es un proyecto elaborado y desarrollado como un trabajo fin de Máster pero, además, es un documento en el que se refleja el trabajo de dos años muy intensos donde aparecen respuestas a muchísimas preguntas que tenía sin resolver y otras muchas preguntas que tendré que ir resolviendo. En definitiva, este proyecto representa el comienzo de un nuevo camino. Pero la pregunta es, ¿por qué el duelo?, pues porque al igual que el resto de personas y civilizaciones a lo largo de los tiempos tengo muchísimas dudas; ¿Qué es la muerte? ¿Por qué también yo habré de morir? ¿El ser desaparece total y absolutamente… o hay un “Más Allá”? ¿Puedo seguir viviendo si pierdo a los que quiero?

En algún momento de este camino llamado vida leí que: “vivir es llenarse de pañuelos blancos, vivir es ir diciendo adiós a las cosas. Es decir adiós al amigo, a los padres, a la novia rubia que nunca llegó, al tren que se va, al abuelo que murió…”. Y es que no puede ser más patente lo que este pensamiento refleja sobre nuestra realidad cotidiana. La biografía de toda persona -hombre o mujer, joven o madura- está sembrada de una sucesión de pérdidas y separaciones que le recuerdan, consciente o inconscientemente, la precariedad y provisionalidad de todo vínculo y de toda realidad. Y en la capacidad de convivir, encajar y elaborar de una manera constructiva todo ese conjunto de pérdidas en cada momento, el ser humano encontrará una de las mayores fuentes de energía para su crecimiento personal y para seguir enfrentándose a la vida con actitudes vitales más sanas.

Por ello, y por algún que otro duelo personal sin resolver; mi trabajo se centra en el duelo patológico, más concretamente en un análisis comparativo entre la Escuela Breve centrada en soluciones y la Escuela Narrativa y la aplicación de una de sus técnicas en un proceso terapéutico ante una familia con esta problemática. Eligiendo estas dos corrientes -y no otras- por el alto índice de efectividad en la superación del duelo y sus dificultades.

El caso de la Terapia Breve Centrada en Soluciones ha demostrado ser efectiva porque, tanto la dinámica como la técnica utilizada (la Pregunta Milagro), se adaptan al tipo de demanda de nuestros usuarios, generando en la propia persona soluciones que fomentan su creatividad y por lo tanto el control sobre las soluciones, dejando de ser importante la especificación del problema. En cuanto a la eficiencia, se logran cambios producto del manejo de excepciones, tareas vagas, elogios y la pérdida de responsabilidades que no tiene. Se confirma que el cambio es inevitable y que se puede producir con tareas sencillas que ayuden a evitar las recaídas. La Terapia Breve Centrada en Soluciones permite tener una visión diferente de la capacidad de las personas para el cambio, siendo el aporte del terapeuta el mostrarle algunas alternativas de acción al paciente para que le ayuden a darle la forma que quiera al cambio; esto genera diferentes líneas de acción en terapia (De Shazer, 1987).

Por tanto, la TCS al trabajar con las soluciones, ayudamos a los clientes a identificar lo que quieren conseguir (Pregunta Milagro), trabajando para marcar y ampliar aquellas ocasiones en que de hecho lo consiguen (trabajo con excepciones) y fomentando que los clientes asuman el control y la responsabilidad por los cambios conseguidos.

La Terapia Narrativa la he seleccionado porque creo que su enfoque general de tratamiento es susceptible de llevarse a cabo en prácticamente cualquier situación terapéutica. Esta escuela -junto con su técnica más famosa, la Externalización– permite aumentar la responsabilidad que nuestros usuarios tienen sobre la marcha del tratamiento, evitando a la vez la culpabilización. En otras palabras, este tipo de intervenciones donde se trabaja la Externalización se permite desplazar la culpa sobre lo externalizado y recuperar los recursos de las personas para que actúen sobre el problema. Resulta más útil terapéuticamente que el paciente piense que “sufre de depresión” a que piense que es un depresivo.

Como se puede ver con más profundidad en la investigación, tras analizar ambas escuelas y sus técnicas e implementarlas en una familia tipo, una de las principales conclusiones es que no existen formulas terapéuticas mágicas. Como profesionales debemos tener en cuenta multitud de variables y factores con la idea de ser flexibles, prestando atención a la retroalimentación que nos aporta la familia, ajustándonos a su posición y lenguaje. Cada autor defenderá una u otra forma de intervención según la corriente con la que esté más o menos de acuerdo por lo que debemos tener la suficiente visión para saber que se puede recurrir a una u otra escuela y a sus respectivas técnicas, con la intención de obtener y combinar todas las herramientas necesarias que, desarrolladas de una manera determinada, harán posible una buena intervención terapéutica: enfrentar la situación problemática que trae la familia con el fin último de ayudarles a superar su disfuncionalidad.

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